En cuanto a sus orígenes, si
nos remontamos a la antigüedad de testimonios gráficos tenemos fotos de
principio de siglo, en concreto de 1903; el testimonio oral nos llevaría al
primer tercio del siglo XIX.
Si habláramos de fuentes históricas, llegaríamos a la fundación de Águilas en el
siglo XVIII por parte de Carlos III, son celebres los festejos de carnaval que
durante su reinado se celebraron en la Corte de Madrid y en el resto de España,
recogidos en el libro de Baroja referidos al Carnaval. Esta celebración ha
seguido ininterrumpidamente hasta nuestros días.
Pero si en vez de hablar de fechas, hablamos de raíces antropológicas, nuestra
mente puede volar a través de los siglos en pos de la celebración de rituales y
fiestas entroncadas con el Carnaval, que nos llevarían al mundo Ibero-Romano con
las Saturnales, las Lupernalias, y las fiestas en honor a Jano (Dios éste por el
que recibe nombre el mes de Enero) e incluso nos remontaríamos a rituales más
antiguos. De esta afirmación, aunque de difícil demostración histórica, sí que
poseemos indicios antropológicos que nos permiten aventurar estas hipótesis.
Para ello contamos con la supervivencia de ciertos ritos y símbolos reflejado en
el libro " Historia y Cultura de los Carnavales de Águilas" coordinado por
Lorenzo-Antº Hernández Pallarés y editado por el Ayuntamiento de Águilas.
Con respecto a analizar qué periodo de tiempo es el que abarca, opino que la
definición del Diccionario Histórico de la Lengua Española es muy restrictivo al
considerar el Carnaval como "el periodo de los tres días que preceden al
Miércoles de Ceniza", definición que no es aceptable desde el punto de vista del
estudio del folklore. Consideramos que su comienzo estaría en torno a San Antón,
por estas tierras el refrán que campea y que es repetido por las comadres del
lugar es el de "Hasta San Antón Pascuas son", y es que San Antón es considerado
como el fin de la Pascua. De hecho se ve de mal gusto y está casi prohibido por
la tradición el cantar canciones "de Pascua" después de esta fecha, y ya sólo se
podrán reiniciar estos cánticos hacia primeros de Diciembre cuando comience el
calendario de Pascua. No debemos de olvidar que los refranes son parte de la
cultura popular y que enseñaban a nuestros antepasados a pensar y a actuar, y
junto con romances, canciones y cuentos constituyen un magnifico testigo para la
antropología cultural. Era tal la veneración por San Antón que encontramos en
las faldas del Castillo de Tébar, adosado al Caserío de los Alcántara una ermita
del siglo XVI bajo la advocación de este Santo, en ella todos los años en fechas
próximas al 17 de Enero se celebraban fiestas en su honor.
Es interesante el comparar las 11 prácticas carnavalescas apuntadas por Caro
Baroja en su libro "El Carnaval" y que de una u otra forma se presentan en el
Carnaval de Águilas y otras 3 que se han añadido en el libro referido al
Carnaval de Águilas, lo cual nos da un total de 14 prácticas Carnavalescas.
Entre todos ellas una de las más emblemáticas y que pervive hasta nuestros días
es la costumbre de utilizar los cascarones de huevo rellenos de papelillos y
romperlos en las cabezas de vecinos y amigos . Esta misma costumbre pervive en
la tradición oral de varios cuentos maravillosos que se cuentan en nuestra zona
geográfica, como son : "La flor del lilola", "La princesa encantada", ... Todos
ellos conectan con el uso de cascarones de huevo como objeto mágico que permite
desencantar o matar al ogro, en definitiva el abrirnos la puerta a otro mundo,
el nacer a otra vida, el renacer en un mundo nuevo, que seria retomado en la
tradición cristiana y medieval en el tema de la Cuaresma y del huevo de pascua
del Domingo de Resurrección.
Esta costumbre también tiene raíces en la antigüedad clásica, ya que en las
fiestas en honor de Isis también se rellenaban cascarones con polvo de oro y
piedras preciosas. También hay referencias a ciertas costumbres con huevos de
azar durante los Carnavales madrileños del siglo XVI .
Otra supervivencia del Carnaval de Águilas es la quema de Peleles que pervivió
hasta los años cincuenta con la costumbre de la Quema del Judas, actualmente
resucitada con la quema de Don Carnal . Estas costumbres se encuentran en el
mundo Medieval y anteriormente en las costumbres del medio Oriente, sobre todo
con los Acadios.

Otra supervivencia la encontramos en la Diputación del Garrobillo con la
celebración de la fiesta del Inocente que tiene raíces en las fiesta de locos
medievales , en las del rey de la Faba, los Obispillos de inocentes, El Mazarrón,
etc. Todas ellas entroncadas en las Saturnales romanas, en las que se elegía un
rey entre los esclavos para que durante la duración de la fiesta, gobernara la
ciudad.
La figura de "Los Mamarrachos", que son típicas de nuestras mascaradas, y que
disfrazados de cualquier cosa y con cualquier objeto, encarnan personajes llenos
de sátira y que ocultan su personalidad, siguen siendo los reyes del Carnaval de
la noche y es donde se ve claramente las huellas de nuestro pasado Mediterráneo
y de sus grandes mascaradas.

Por ultimo tenemos la supervivencia más controvertida, nos referimos a " La
Mussona", era la representación de una fiera inhumana, especie de hombre-oso,
emparejado con un ser humano primitivo, los dos iban vestidos cubiertos con
estopa de esparto, el hombre llevaba un pandero en la mano y la cara tiznada de
negro y "la bestia " ósea "la Mussona" con un largo rabo bailaba al son de este
pandero de piel y gruñía a los niños o a las mozas mientras hacia gestos
obscenos y les remangaba las faldas o les perseguía. Solo hay paralelismo de
esta figura arquetípica, en el "Oso de Carnaval" que se viste con musgo y paja
en algunos pueblos de la zona de Europa Central y de la que se encuentran
referencias escritas durante el siglo XVII, aunque actualmente pervive una de
estas escenas de hombre-oso asociada al Carnaval en una pequeña localidad del
sur de Italia. Es curioso que si hacemos un análisis etimológico de esta
peculiar palabra, vemos que puede derivar del latín bajo la acepción "Musso" que
significa hablar entre dientes o zumbar, justo lo mismo que hace el personaje
arquetípico y prototípico de nuestras fiestas. Lo que nos daría idea de la
antigüedad y pervivencia de esta "joya antropológica".
Vemos pues múltiples argumentos para sentirnos plenamente satisfechos de las
raíces históricas y culturales de nuestro Carnaval, que se ha convertido con el
paso de los años en la fiesta reina de nuestro calendario festivo anual.
Texto: Lorenzo Antonio Hernández Pallarés